El proyecto se ciñe al límite de parcela de la comunidad
pero su ambición es formar parte de una idea de ecobarrio que rompe los propios
límites de propiedad horizontal. Por ello se establece un área de proyecto
vinculante y una zona en la que se incorporan pautas de ordenación.
Sobre un jardín que unifica los compromisos del lugar, que sirve
de apoyo y que se convierte en una isla de calma y naturaleza entre el ruido y
las distorsiones que causan las autopistas y
los vehículos, se sitúa el Museo Nacional de la Memoria.